Bill Larouche, conocido como Kill Bill, escultor autodidacta, se inspira en temas animales y tótems, manejando el acero con notable facilidad para crear esculturas donde la pronunciada textura otorga una llamativa elegancia a cada sujeto, capturando así el momento preciso y congelando la fragilidad de los seres en un medio sólido y robusto.